Un día dijo que se iba, alistó su maleta y se vistió de negro, hizo ruido al caminar, tiró una puerta y con maleta en mano me miró.

- Me voy, ahora te quedas sin nada - me dijo

Lo miré sin pestañear y ni siquiera bostecé, no me levanté a despedirme, no hice nada, no expresé sentimiento alguno porque nada sentía y le dije:

- Esta cárcel nunca ha tenido barrotes, este corazón nunca ha albergado nada, nada te he pedido y nada me quedo, nada te he dado y nada te llevas, pero te quiero mostrar algo antes de que te vayas.

Y le mostré mi alma.

Salió corriendo, se chocó con una silla y olvidó su maleta. Dejó la puerta abierta.

Le asustó ver que no tenía nada.